El fin de toda mariposa es ser admirada. No en vano dedicó su vida de oruga a poder desplegar sus alas y volar. La mariposa nació para ser libre, pero siempre hay quien la engatusa y la atrapa en su red. ¿Qué cómo se atrapa a una mariposa?, te preguntarás. Fácil, siendo más dulce que las flores que haya podido conocer.
El cazamariposas es un ser de almas turbias; desea a su mariposa, la anhela, la persigue, la seduce...y cuando al fin la atrapa (porque a una mariposa no se la puede poseer), cambia las sábanas de miel por alfileres de cristal para añadirla a su colección.
Como mariposa de alas rotas te puedo decir que no dejes que el cazamariposas de sonrisa de azúcar te embrolle; para evitarlo mírale a los ojos. Sus ojos son de agua y te verás en ellos reflejada. Céntrate en tu espejo para poder huir y no mirar atrás.
Para el cazamariposas sólo serás una más, mariposa, una más. Quizás la más linda, quizás la más colorida..., pero en el fondo una más.
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