Una noche fría de mayo ambos salieron para entrar en calor. Los dos venían de pasar el invierno tiritando en una cueva.
Y así fue como la estalactita, fina y alargada, hizo de cada una de sus lágrimas de invierno un centímetro.
Y así fue como la estalagmita, redondeada y maciza, despertó al sentir el roce frío y húmedo de la estalactita.
No se formó columna, el mismo calor que las unió las separó.
Cosas que pasan en las cavernas de Barcelona.
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