miércoles, 28 de agosto de 2013

NIÑO BURBUJA

El niño burbuja disfruta de la brisa. Cada vez que los dos hermanos juegan a hacer pompas, el niño burbuja intenta volar más y más alto. A veces otras pompas se cruzan en su trayectoria y le obligan a volver al punto de partida, donde un nuevo soplo le dará alas para seguir soñando. El niño burbuja vive con la ilusión de poder encontrar la pompa de jabón perfecta, esa que le aleje del círculo y que le permita viajar lejos. Al niño burbuja le gusta jugar con las pompas a su alrededor, aunque con su roce a veces se destruyan. Cuando eso sucede, el niño burbuja recupera rápidamente el equilibrio y sigue ascendiendo sin mirar atrás.

Al niño burbuja le encanta fusionarse con otras burbujas, pero sabe que cuando eso ocurre pierde altura, así que juega a unirse con alguna pompa y a soltarse limpiamente para poder así seguir su camino. Porque si una cosa tiene clara el niño burbuja es que las pompas que le rodean no comparten su objetivo. Ninguna de ellas quiere salir del círculo. Algunas ni siquiera aspiran a tocar el cielo. El niño burbuja lleva ya un tiempo preparando su salida, y al oir a los hermanos preparar la mezcla de jabón sabe que hoy ha llegado su gran día.

Los dos hermanos han aprendido hoy cómo hacer pompas de jabón gigantes. Ahora ya saben que necesitan mezclar 10 tazas de agua, 4 tazas de lavavajillas líquido y una taza de jarabe de maíz. El niño burbuja observa con atención a los dos hermanos mientras sumergen el alambre en la mezcla, y como si de una varita mágica se tratase, nace la que sabe que será la pompa perfecta. Sin dudarlo se sumerge en ella y disfruta del momento. La luz del sol hace que la pompa sea multicolor. El niño burbuja se relaja mientras la brisa le mece. Los dos hermanos siguen con la mirada la trayectoria de la pompa, que cual cometa escapada en el cielo sube y sube hasta perderse tras una nube.

El niño burbuja sonríe. Vaya a donde vaya, ya no será atrás.


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